Fuente: Diario La Repubblica, Italia – sección Internacional 

Por: OMERO CIAI

La tumba de Pablo Escobar, uno de los más famosos “señores de la droga”  de la historia, en el cementerio en las colinas de Medellín, es todavía uno de los lugares más visitados de esta ciudad colombiana, pero su pasado de capital del narcotráfico ya es  un recuerdo lejano.

Devastada, desde la mitad de los años 50 del siglo pasado, antes por la guerrilla de las FARC, después por los grupos paramilitares de derecha y finalmente por las organizaciones criminales ligadas al cartel narcos de Escobar, Medellín se volvió el símbolo de la violencia como capital mundial de los homicidios: Fueron 381 cada 100mil habitantes en 1991. Después de la muerte de Escobar, en diciembre de 1993, lentamente la ciudad empezó a cambiar de cara, sobre todo por el compromiso de dos alcaldes con ideas visionarias, el periodista y matemático Sergio Fajardo y el escritor Alfonso Salazar, así que se volvió en 2013, la capital mundial de la innovación.

Segunda ciudad de Colombia, con más de 3 millones de habitantes, enclavada a 1500 metros de altitud en un valle en los Andes, Medellín resurgió, antes gracias a su clima y después también como un ejemplo de economía a impacto social donde las áreas más pobres y las más ricas dialogan entre ellas.

No es un caso que los proyectos más conocidos e innovadores han sido realizados en los transportes, con infraestructuras alternativas, como un sistema futurístico de escaleras eléctricas que permiten subir las paredes habitadas de las colinas sin ningún esfuerzo. Éstas se complementan con el  metro-cable de Medellín, que une  en pocos minutos las favelas más pobres, como la tristemente famosa Comuna 13, al resto de la ciudad.  

Pero al renacimiento de Medellín se han añadido muchos otros proyectos con especial atención al contenido tecnológico. Una red moderna de bibliotecas públicas, el Museo interactivo de la Ciencia, la restauración del Jardín Botánico, el centro de la ciudad embellecido por las esculturas de Fernando Botero, artista nacido en Medellín. Hace unos años el New York Times escribió que la ciudad había escogido combatir el crimen a golpes de arquitectura y urbanística. Y en gran parte es verdad ya que en los últimos años ha aumentado el turismo y se han reducido tanto las tasas de criminalidad como la  de los homicidios. 

Publicación original:

Diario la Reppublica de Italia