Especial Altair Magazine 360. Los ojos de Héctor Abad Faciolince transmiten una serenidad infinita alimentada por una vida de coexistencia con la violencia que ha sabido encauzar hacia la sabiduría y el sentido del humor. Su voz suena amable mientras desliza por su boca frases rotundas, cuya sensatez desarma. Héctor nos habla de literatura, de memoria, del asesinato de su padre (a quien rinde homenaje en su obra), de (in)justicia, y sobre todo, de perdón. Perdonar, que no olvidar, para regenerar una sociedad hastiada de violencia que empieza a reivindicar la vida, un concepto que hasta hace poco menospreciaba, como un derecho irrenunciable.

Este escritor y periodista, medellinense hasta la médula, al que no le gusta la palabra «carrera», se ha ganado a pulso el reconocimiento e indiscutible respeto en su camino como escritor y periodista. Es autor de artículos, cuentos, novelas, ensayos y hasta poemas. Ha creado diarios y revistas literarias, y ha traducido a autores como Lampedusa, Natalia Ginzburg o Italo Calvino en una época en la que vivió en Italia, además de ganar innumerables premios en todo el mundo, desde Colombia hasta China, y ser objeto de importantes tesis que analizan su obra. Pero Héctor sigue siendo un hombre tranquilo y discreto. Si los paramilitares no han podido con él, aún menos lo hará la gloria.

SOBRE LITERATURA


«Hay algo muy paradójico: la vida de mi padre, que fue tan hermosa, fue premiada con balas, en cambio la vida suya, tal como yo la cuento, me la premian los lectores con un gran cariño.»

……

«Yo creo que nunca escribo ficción, parto siempre de mi experiencia y de mi memoria, y de mi observación, de mis orejas y de mis ojos. Lo que pasa es que lo reconstruyo dentro de mi cabeza, con mi memoria. El problema es que tengo mala memoria. La mala memoria es para mí una especie de fantasía.»

……

«El primer responsable de no publicar porquerías es uno mismo, hay demasiados libros en el mundo como para añadir libros inútiles.»


 

SOBRE COLOMBIA


«No es que Colombia de la noche a la mañana va a ser un paraíso pacífico y tranquilo, va a haber un postconflicto todavía muy complejo, pero si baja el nivel de violencia y el nivel de homicidios, así sea solamente un 10, un 20, un 30%, el país será menos malo que antes.»

……

«Hay que tratar de que la dosis de justicia que exijamos no sea inaceptable para los que quieren dejar las armas. Hay que darles, en una situación de conflicto, algo a cambio de que dejen las armas. Aunque sea injusto porque no van a pagar por sus crímenes, es positivo si baja el nivel de violencia, y lo tenemos que hacer con una dosis muy alta de perdón y de memoria sin rencor, que es una especie de olvido.»

……

«En una sociedad tan violenta como la colombiana, que se reduzcan los homicidios es siempre positivo.»

……

«Yo fui víctima, con mi familia, de los paramilitares. A pesar de tanta impunidad y tanta injusticia, me parece que eso es bueno (el perdón a los paramilitares en el gobierno anterior) ya que ha reducido la violencia.»


 

La obra de Héctor Abad Faciolince, así como su vida, de cuya memoria surgen todas sus creaciones, está salpicada de tierra. Se siente en Fragmentos de amor furtivo, en El olvido que seremos, en La oculta. De una tierra exuberante y áspera a la vez, que no intenta sacudirse, pues forma parte de ella, sino que la ofrece en fragmentos escritos a quien quiera comprenderla sin juzgar, pues todos venimos de la tierra y todos estamos manchados de ella. De nuestra Ítaca.

Videos y fotografía: Altair Magazine